Maria Celeste Pecci
Fotografia Maria Celeste Pecci – Nudo d’autrice
Il nudo femminile, nella fotografia come nell’arte in genere, è tabù, perché rappresentato, manipolato, distorto e ricontorto al parossismo, assegnato a significati tetici e antitetici, il tutto e il nulla, pubblicitario, alternativo, imbonitore, repulsivo. Ovunque si utilizzi il nudo femminile il successo di comunicazione è garantito. Per identici motivi lati anche il nudo maschile è tabù, perché inesistente, vacuo, impossibile sia da criptare che decodificare.
Maria Celeste Pecci spezza la serie infinita delle lance, rompe il cerchio, perché accetta, da donna, il confronto sul terreno mobile delle ovvietà e la tecnica, ineccepibile, non è la principale leva di cui si serve.
I suoi ritratti di nudo muovono il dialogo con la forma, levigano, ricoprono l’estetica di significati morbidi anche se torbidi, come fossero appunto abiti che solo il corpo di una donna sa trasformare in eleganza anche quando si tratta di stracci.
Negli scatti dedicati al vincolo, alla costrizione, all’imbrigliamento non viene innescata alcuna prurigine, classica di legacci e bende che dalla donna stessa vengono talvolta assunti come linguaggio riconsegnato,
ma comunque accettato nella sua manipolazione indotta. Maria Celeste ingentilisce la presa grazie all’empatia con la bellezza esclusiva che un corpo femminile possiede, ciò non di meno non elude i significati, anzi, rimargina la faglia che si crea fra il nudo e qualsiasi messaggio allegato, che, per parecchi e parecchie, spesso è ininfluente, accessorio, evanescente.
Oltre. Maria Celeste riedita l’erotismo partendo proprio dalla sua disintegrazione, ripristinando casuali movenze, spontanei ripensamenti della carne, esultanza dell’essere mostrata, peculiarità che la donna possiede atavicamente in buona fede, perché cosciente del potere insieme lenitivo e illuminante che il suo corpo per natura genera. E in quest’opera certosina si trascina con sé, doverosamente, tutti gli stilemi che nel tempo hanno tranciato una simile meraviglia.
L’opera di Maria Celeste tende a ricostituire la lettura semplice del creato, come se fosse luna o marea quel corpo tradotto ormai sempre in libidine di possesso, raramente in contemplazione paga di sé. E’ un atto di contrizione per chi guarda, cui segue la libertà ritrovata dell’essere, di un desiderio puro disposto a considerare anche e soprattutto la mente, l’anima di una icona che comunque scuote il cosmo, dalle sue fondamenta, da qualsiasi angolazione la si voglia rimirare
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Maria Celeste Pecci – Desnudo de autora (Traduccion de Patricia Landeros)
El desnudo femenino en la fotografía como en el arte en general, es un tabú, porque representado, manipulado, distorsionado y llevado al paroxismo, ha sido asignado a representar la tesis y la antítesis, el todo y la nada, la publicidad, alternativa, y repugnante. Aunque si se utiliza el desnudo femenino como medio de comunicación, el éxito es garantizado. Por los mismos motivos, el desnudo masculino es un tabú, porque es inexistente, vacío, imposible de cifrar como de descifrar.
María Celeste Pecci, rompe la serie interminable de lanzas, rompe el cerco, porque acepta, como una mujer, la confrontación en el terreno móvil de la obviedad y la técnica, intachable, no es la palanca principal de la cual se sirve. Su retrato desnudo conlleva el diálogo con la forma, ligero, cubriendo la estética de significados suaves y también turbios, como la ropa que solo el cuerpo de una mujer transformara en elegancia, aún si se tratara de harapos.
En las fotos dedicadas a la restricción, a la coerción, all’ aprovechamiento no producen ningún salpullído clásico de las cuerdas y los vendajes que las propias mujeres a veces usan como un lenguaje devuelto , aunque también aceptado en su manipulación inducida. María Celeste suaviza la presa gracias a la empatía con la belleza única que tiene un cuerpo femenino, sin embargo, no elude el significado, de hecho, cierra la brecha creada entre el desnudo y cualquier mensaje adjunto, el cual, para muchos, y muchas , a menudo es irrelevante, un accesorio, etéreo.
Además. María Celeste volvió al erotismo partiendo desde su desintegración y restaurando los movimientos casuales, a los pensamientos espontáneos de la carne, a la alegría de ser mostrada, una característica que la mujer tiene ancestralmente de buena fe, porque está consciente del poder mismo, de la energía y de la iluminación que su cuerpo por naturaleza genera. En esta obra, trae consigo, puntualmente, todos los estilos que en el tiempo se han resumido a una sencilla maravilla.
La obra de Maria Celeste tiende a reconstruir la lectura simple de lo creado, como si fuera una luna o marea que el cuerpo traduce siempre accesible a la posesión, raramente a la contemplación de sí misma. Es un acto de contrición para el que observa, para quien busca la libertad del ser, de un deseo puro dispuesto a considerarse también y sobre todo la mente, el alma de un icono que aún sacude el cosmos desde sus cimientos, desde cualquier el ángulo que desee contemplar.
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